Me he comprado un escudo.
Ayer fui a la tienda de escudos; "Escudero e hijos" ponía en la puerta. Y si tenías buena vista podías atinar a leer justo debajo, como si de un subtitulo se tratara: "Ponga un escudo en su vida: lo demás vendrá solo" No sabía si eso era lo que estaba buscando...
El dependiente, un joven con poco más de 15 años, parecía orgulloso de poder atender al público en un local tan poco corriente en pleno centro de ciudad. En sus ojos se podía leer la ilusión de continuar con una costumbre familiar, a la vez que el miedo a equivocarse, a decepcionar a sus padres y abuelos, aquellos que con tanto esfuerzo consiguieron sacar su negocio adelante.
Yo, con millones de ideas en la cabeza acerca de lo que quería pero sin una sola palabra que pudiera definirlo, me planté frente a él.
- ¿Puedo ayudarle?- Qué bien enseñado, pensé.
- Pues... verás... había pensado que aqui podría encontrar algo que me protegiera.
- Claro, tenemos los mejores escudos de toda la región!
- Si... bueno... pero...
- No se preocupe; dígame, ¿lo quiere para entrenamiento o competición?
- Mmmm- Creo que me he equivocado de tienda - ¿Como? ¿Entrenamiento o competición?
- ¿De usar y tirar? ¿o reciclable?
- Espera, espera. Creo que no me entiendes- El joven me miró desconcertado:
- ¿Cómo que no le entiendo? Permítame decirle que quizas el que no me entiende es usted. Acompáñeme, por favor- Salió del pequeño mostrador que nos separaba, y se dirigió a la pared que se encontraba junto a la puerta de entrada. Empujó con fuerza sobre un par de ladrillos y, sorprendentemente, una enorme puerta se abrió. Un pasadizo secreto... ¡lo que me faltaba!
- ¿Piensa venir o no?- Dijo para despertarme de mi asombro.
- Sí, sí- Exclamé sin pensar. Si hubiera pensado, no habría entrado.
Montones y montones de cajas metálicas nos rodeaban, y cientos de escudos colgaban de las paredes. Escudos rojos, azules, metalizados, cobrizos, grandes, pequeños, redondos, cuadrados, o con formas complejas... Todo tipo de escudos, para todo tipo de personas, para todos los momentos y situaciones.
- ...¡Increíble!
- Ahora dígame, ¿cuál es su problema? Si me cuenta qué le sucede, podré ayudarle a encontrar el escudo más adecuado.
- Pues... a ver... creo que no soy feliz. Necesito algo que me proteja de los miedos, que me haga sentir segura, que me ayude a vivir sin preocuparme por los demás, por el qué-dirán. Necesito poder acercarme a otros sabiendo que si me atacan no saldré herida. - Bien, ya lo he soltado. Alomejor cree que estoy loca...
El joven dependiente -Rodrigo, como más tarde supe que se llamaba- acercó una de las pilas de cajas, y comenzó a abrirlas, una por una.
- Estoy seguro de que aqui estará su escudo perfecto. ¡Exacto! Este va a ser el suyo. ¿Qué le parece?- preguntó mientras alzaba un pequeño escudo con forma de corazón de niño pequeño (el que ellos dibujan sin saber que no se acercan a la realidad)
- ¿No es muy pequeño? ¿Realmente puede eso protegerme?
- Este escudo pequeño -exclamó con rintintín- protegerá lo que más protección precisa: tu corazón. Te dará libertad para actuar y vivir feliz, sin miedo a dañarlo de nuevo. Con él sentirás que puedes ser tú. Y ¿sabes lo mejor? Los demás notarán que lo llevas contigo, y eso hará que se enorgullezcan de ti, y vean que tras él está ahora la auténtica "tu"
Al acabar, una sonrisilla se asomaba por las comisuras de sus labios. No sólo acababa de vender uno de los tesoros de la tienda, sino que sabía que con él podría hacerme feliz... muy feliz.
- Me lo llevo! Estoy segura de que funcionará. Gracias de verdad. ¿Cuánto debo pagarle?
- Con una sonrisa me bastará.
Desde entonces lo llevo conmigo. Y creo que es la mejor idea que he tenido en los últimos días... Es perfecto: un escudo que me protege de todo. Un escudo que me ayuda en las peores batallas, que siempre va a estar ahí cuando tenga algún problema, y que hará que recuerde cada día que debo afrontar tanto lo bueno como lo malo sin plantearme "qué pasará si..."
domingo, 29 de julio de 2007
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