Sabía que lo que iba a hacer era una locura. Una inmensa locura. Pero no era la primera que se le ocurría en los últimos meses, ni la única que ideaba pensando en él...
Sabía que sólo podrían pasar dos cosas: que saliera bien, o que saliera mal. Y esta vez no dependía de ella, desgraciadamente.
...
Hacía calor dentro del coche. O quizá era el nerviosismo que sentía. Por unos minutos pensó en echarse atrás, en dar la vuelta en esa misma calle y volver por donde había venido, haciendo caso a la razón... y no a sus latidos, que cada vez notaba más fuertes, ansiosos por comenzar.
Sabía que no podría resistirse a la tentación. Que era demasiado débil en ese sentido, y que el simple hecho de verla así...desnuda...en su propia casa, le pondría los vellos de punta. Pero antes estarían esas conversaciones amargas a la vez que inútiles, en las que cada uno defiende su postura e intenta dar sentido a lo que hizo; a un pasado que ninguno ha olvidado.
Un par de frases mostrando decepción y algún que otro recuerdo intercalado serían suficientes esta vez. Él bajaría la vista, como siempre, dejando paso a lo fácil... Dejando que las cosas simplemente sucedan, sin pensar en lo que realmente debería suceder. Ya habría tiempo después para arrepentimientos.
Tardó casi cinco minutos en llamar al timbre. Cada vez que lo intentaba sus dedos se doblaban inconscientemente, como si quisieran convencer al resto del cuerpo de que lo mejor era marcharse. Pero el resto del cuerpo estaba de su parte. De parte de ella. Y una vez llegados a ese punto, no iba a volver atrás.
Quizá su mayor sorpresa fue la sonrisa que él mostró al abrir la puerta, como si no le sorprendiera la visita; como si le alegrara verla ahí delante de sus narices, sin siquiera haberla llamado. Y así era: le gustaba la idea. Llevaba días acordándose de ella, de aquellos momentos en los que ambos perdían el control y sus manos sólo sabían tocar el cuerpo del otro; sus ojos sólo sabían mirar a los ojos del otro... La necesitaba, aunque sólo fuera por un rato. Y ella había aparecido justo ahí, en ese momento. Dispuesta a convencerle... o a dejarse convencer.
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Sabía que sólo podrían pasar dos cosas: que saliera bien, o que saliera mal. Y esta vez no dependía de ella, desgraciadamente.
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Hacía calor dentro del coche. O quizá era el nerviosismo que sentía. Por unos minutos pensó en echarse atrás, en dar la vuelta en esa misma calle y volver por donde había venido, haciendo caso a la razón... y no a sus latidos, que cada vez notaba más fuertes, ansiosos por comenzar.
Sabía que no podría resistirse a la tentación. Que era demasiado débil en ese sentido, y que el simple hecho de verla así...desnuda...en su propia casa, le pondría los vellos de punta. Pero antes estarían esas conversaciones amargas a la vez que inútiles, en las que cada uno defiende su postura e intenta dar sentido a lo que hizo; a un pasado que ninguno ha olvidado.
Un par de frases mostrando decepción y algún que otro recuerdo intercalado serían suficientes esta vez. Él bajaría la vista, como siempre, dejando paso a lo fácil... Dejando que las cosas simplemente sucedan, sin pensar en lo que realmente debería suceder. Ya habría tiempo después para arrepentimientos.
Tardó casi cinco minutos en llamar al timbre. Cada vez que lo intentaba sus dedos se doblaban inconscientemente, como si quisieran convencer al resto del cuerpo de que lo mejor era marcharse. Pero el resto del cuerpo estaba de su parte. De parte de ella. Y una vez llegados a ese punto, no iba a volver atrás.
Quizá su mayor sorpresa fue la sonrisa que él mostró al abrir la puerta, como si no le sorprendiera la visita; como si le alegrara verla ahí delante de sus narices, sin siquiera haberla llamado. Y así era: le gustaba la idea. Llevaba días acordándose de ella, de aquellos momentos en los que ambos perdían el control y sus manos sólo sabían tocar el cuerpo del otro; sus ojos sólo sabían mirar a los ojos del otro... La necesitaba, aunque sólo fuera por un rato. Y ella había aparecido justo ahí, en ese momento. Dispuesta a convencerle... o a dejarse convencer.
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Fue fácil. Y no había que darle más vueltas. Pasó lo que los dos querían que pasara. Lo que los dos llevaban semanas esperando, imaginando, deseando... en silencio.
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llevaba meses escrito y se me habia olvidadooo!!



2 comentarios:
¬¬
Q pasada, me parece muy fuerte tu vida
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