martes, 31 de agosto de 2010

aquel lugar...

Desde fuera se ven... árboles altos que señalan el camino: una especie de avenida, que incluso cuenta con algunas rotondas, en la que desembocan cientos de calles; cada una con nombre propio. Mientras recorres ese camino puedes leer miles de nombres y apellidos, dedicatorias... vidas que pertenecieron a alguien. Y muchas flores: frescas, muertas, o de plástico. Se respira tranquilidad; no vi más de diez persona en casi una hora. Algunos andaban rápidos y nerviosos sabiendo lo que buscaban, otros llenaban cubos de agua para limpiar la piedra; y yo... que aún no estaba segura de querer estar allí. Sólo sabía que, en mi primera visita a aquel lugar, tenía que llegar hasta la última calle. Allí, quizás, estaría ella.


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Una vez más el destino -o la casualidad- ha hecho cambiar mi historia.

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