Algunas veces las personas llegan a nuestras vidas porque debe ser así. Debe ser así para enseñarnos una lección, para descubrir quiénes somos en realidad, para enseñarnos lo que deseamos alcanzar. En principio no sabes quiénes son estas personas, pero cuando fijas tus ojos en ellos comprendes que afectarán a tu vida de forma especial. Vienen para probar los límites de tu alma. Para demostrarte hasta dónde puedes llegar.
La gente que conoces afecta a tu vida; las caídas y los triunfos te hacen ser como eres. Incluso se puede aprender de las malas experiencias. Es más, quizás esas sean las más significativas en nuestras vidas. Si alguien te traiciona o rompe tu corazón, dale las gracias porque te ha enseñado la importancia de perdonar, de la confianza y a tener más cuidado con a quien le abres tu corazón. Si alguien te ama, ámalo tú a él. No porque él te ama, sino porque te ha enseñado a amar y a abrir tu corazón y tus ojos a las cosas pequeñas de la vida. Haz que cada día cuente, y aprecia cada momento, además de aprender de todo lo que puedas aprender, porque quizás más adelante no tengas la oportunidad de aprender lo que tienes que aprender de este momento. Entabla una conversación con gente que no hayas dialogado nunca; escúchalos y presta atención. Permítete enamorarte, liberarte y poner tu vista en un lugar bien alto. Mantén tu cabeza en alto porque tienes todo el derecho a hacerlo. Repítete a ti mismo que eres un individuo magnífico y créelo. Sino crees en tí mismo, nadie lo hará.
Crea tu propia vida, encúentrala, y luego, vívela.



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