Creo que no es el día. ¿Pero de qué y por qué? Pues no sé... No es el día, simplemente.
O quizás sí lo es...
Es el día de comprender que todo el esfuerzo ha sido en vano, que todas las horas delante de los libros no sirven para nada, porque mañana me sentaré delante del examen y no podré ni leer las preguntas, sólo lamentarme una y otra vez por haberme dejado llevar una vez más...
Es el día de odiar, porque es la única solución que se me ocurre para olvidar de una puñetera vez todo lo que me está haciendo perder la ilusión. Pero al mismo tiempo es el día de sonreír recordando escenas, momentos que se han ido y que -por alguna extraña razón que ni yo misma entiendo- me estoy negando a repetir...
Es el día de la mala ostia, de que la mala leche contenida se abra paso a empujones y me haga explotar delante de todos, ante cualquier estupidez. Pero qué le vamos a hacer, yo sin mi mala ostia no soy yo! Igualmente, es el día de los abrazos.
De aguantar lágrimas cada cinco minutos, para que ellos no se preocupen por nada. De mirar hacia otro lado si alguna se escapa! aunque me encantaría explicar lo que pasa. De entender que le estoy perdiendo...
Es el día... de temblar. Mi cabeza no para de dar vueltas al mismo tema uuuuna y otra veeez... Sin remedio. Y mi cuerpo no responde. Las manos agarran el boli de mala manera, los pies se mueven a trompicones; los ojos, nerviosos, miran hacia todos lados, pero no ven nada... No puedo concentrarme.
De suspirar. Porque no me gusta pensar en lo que pienso; desear lo que deseo.
Es el día de añorar. De mirar hacia arriba y gritar que esto no era lo que yo quería. Que esta no es mi vida... me han engañado! Yo no quería ser la de las penas, los recuerdos, las lágrimas y los lamentos. Yo no quería dar explicaciones a todo el mundo, sabiendo que nunca llegarán a comprenderme.
Quiero una buena racha. Una vez más.
Lo necesito...
lunes, 29 de junio de 2009
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