viernes, 9 de diciembre de 2011

porque así, SÍ.

Porque pasan años...y con ellos, casi sin darnos cuenta, vamos evolucionando. Evolucionando, de esa forma inevitable, parte imprescindible de este juego en el que nos metimos hace años. Unos van y otros vienen. Unos nunca se alejan, otros lo hacen para siempre. Unos llegan ahora, otros lo hicieron hace tiempo; otros...siempre han estado ahí. Algunos se irán pronto. Otros nunca lo harán.

En noches como aquella, miro a mi alrededor y me doy cuenta de todas las cosas que han pasado en tan poco tiempo... y de cómo hemos evolucionado. Todos. En general.
Discusiones y "mal entendidos", odios y reconciliaciones. Cariño, besos...relaciones. Caprichos del destino y casualidades que aportan un giro inesperado e inevitable. Historias y momentos irrepetibles, recordadas día tras día.

En épocas como esta, me sorprendo preguntándome cómo algunos han podido llegar a ser tan especiales...tan imprescindibles para mí. En cuánto puedo llegar a necesitarlos.
Porque en los últimos meses me he dado cuenta de lo que tengo a mi lado, y de lo que de verdad importa. Ahora, más que nunca, he aprendido a valorarlos. Ahora sé que algunas cosas que han pasado en este tiempo no merecen ni un sólo huequito en mis recuerdos.
Me quedo con cómo pueden hacerme reír en un día cualquiera, con cómo acuden cuando se les necesita. Con los ánimos que me han dado últimamente. Con sus consejos. Con esas cosillas tan peculiares... Me quedo con los buenos momentos: esos que echamos en cualquier sitio y de cualquier manera; en los que sólo importa quiénes estamos. Con lo que me demuestran día a día. No con lo que fuimos hace tiempo, sino con lo que podemos ser ahora.

Con lo afortunada que soy.
Y no sólo por tenerlos cerca... sino por sentirme orgullosa de ello.

1 comentario:

Meri dijo...

Pues cuídalos :) en esta vida conocemos muchísimas personas, pero las que podemos salvar son poquitas pero muy valiosas y gracias a ellos merece la pena seguir adelante.