En noches como aquella, miro a mi alrededor y me doy cuenta de todas las cosas que han pasado en tan poco tiempo... y de cómo hemos evolucionado. Todos. En general.
Discusiones y "mal entendidos", odios y reconciliaciones. Cariño, besos...relaciones. Caprichos del destino y casualidades que aportan un giro inesperado e inevitable. Historias y momentos irrepetibles, recordadas día tras día.
En épocas como esta, me sorprendo preguntándome cómo algunos han podido llegar a ser tan especiales...tan imprescindibles para mí. En cuánto puedo llegar a necesitarlos.
Porque en los últimos meses me he dado cuenta de lo que tengo a mi lado, y de lo que de verdad importa. Ahora, más que nunca, he aprendido a valorarlos. Ahora sé que algunas cosas que han pasado en este tiempo no merecen ni un sólo huequito en mis recuerdos.
Me quedo con cómo pueden hacerme reír en un día cualquiera, con cómo acuden cuando se les necesita. Con los ánimos que me han dado últimamente. Con sus consejos. Con esas cosillas tan peculiares... Me quedo con los buenos momentos: esos que echamos en cualquier sitio y de cualquier manera; en los que sólo importa quiénes estamos. Con lo que me demuestran día a día. No con lo que fuimos hace tiempo, sino con lo que podemos ser ahora.
Con lo afortunada que soy.
Y no sólo por tenerlos cerca... sino por sentirme orgullosa de ello.



1 comentario:
Pues cuídalos :) en esta vida conocemos muchísimas personas, pero las que podemos salvar son poquitas pero muy valiosas y gracias a ellos merece la pena seguir adelante.
Publicar un comentario