Creo que todo es culpa de Septiembre. Sí... para mí siempre ha sido un mes confuso: el mes de las hojas caídas, de la lluvia intermitente, las ganas de comenzar de nuevo tras las vacaciones, de reincorporarnos a la rutina, de volver a reunirnos con ellos, de ver a esa persona que dejamos ahí antes de verano... Pero, al mismo tiempo, el mes de los miedos, temores, las decisiones o los arrepentimientos. El mes perfecto para añorar sentimientos, relaciones, o historias de verano. El optimismo y la cruda realidad se unen durante 30días para hacernos sentir nuevas emociones, para que nos planteemos aquellas dudas sobre las que nunca antes nos habíamos parado a pensar.
Septiembre y sus incertidumbres. Será el cambio de tiempo, la oscuridad repentina que envuelve los días; quién sabe. Pero justo ahora me he dado cuenta de muchas cosas, he tenido tiempo de sentir cosas nuevas, y de echar de menos muchas otras. He comenzado a buscar un camino, por fin. Creo que hace mucho que perdí mi brújula, que las dudas y las tentaciones me cegaban. Ahora sé que a veces aparecen personas, se dan situaciones, surgen conversaciones, miradas, sentimientos... que nos hacen dudar y, a partir de ahí, plantearnos si la vida que llevamos, en el lugar que hemos elegido y con las personas que nos acompañan, es realmente la que queremos.
Por supuesto, también aparecen esas personas, esas palabras... y todo aquello que te hace ver que aún hay esperanza, que aún hay en quién pensar y por quién sentir.
Aquello que me demuestra que también hay cosas que merecen la pena.
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