Cuántas veces hubiera dado lo que fuera -si...lo que fuera- por escuchar esas malditas palabras de tu boca. Cuántas noches pasé preguntándome si estarías bien, si te faltaba algo, si yo podía hacer más de lo que ya hacía en ese entonces...aunque siempre di más de lo que realmente debía dar (y supongo que ahí estuvo el problema). Nunca me di cuenta de que no lo necesitabas, nunca lo demostraste. Y hasta ahora no he podido ver más allá de tus pasos, de tus sombras, de tus palabras... de ti y de todo cuanto tiene que ver contigo. Nunca me he arrepentido de todo cuanto hice, pero últimamente me he parado a pensar. Llega el frío, los resfriados, llegan los villancicos, las vacaciones...y los recuerdos.
Y la única conclusión que saco de tanto recordar es que merezco algo más que NADA. Nunca te pedí que me devolvieras cuanto daba; me conformaba con tan poco...
Y aún hoy me conformo con ese poco... Con que un día te acuerdes de mí y preguntes qué tal estoy, cómo me va todo; con que me dediques una sonrisa...como las de antes. Que me dediques un minuto de tu día; o simplemente que no me hagas sentir excluída de tu vida... Es tanto y tan difícil para ti?
Significaste mucho y lo sabes. Sabes que llegaste en un momento en que necesitaba ser feliz. Y a pesar de todas esas sonrisas y todas esas confesiones de alegría en los últimos meses, sigo removiendo cuanto me permite mi memoria. Nadie sabe lo que he pasado. Y lo peor: lo que estoy pasando ahora. Ahora que me pregunto cómo hemos llegado a este punto. Ahora que no puedo ni mirarte a la cara. Ahora que me supera el miedo cada vez que me cruzo contigo, casi diariamente... El miedo al rechazo, a una fría mirada, a una mala contestación. Porque siento que eres el mismo de siempre, pero a la vez me pregunto si realmente llegué a conocerte. Si realmente sé cómo reaccionarás; porque no quiero estropearlo aún más, y atormentarme creyéndome culpable hasta llegar a hundirme del todo. Nadie, ni siquiera tú, sabe lo que te eché de menos, cuánto extrañé nuestras interminables conversaciones, y cómo te he necesitado en momentos en los que nadie me ha apoyado como lo hiciste tú en tan poco tiempo. Porque no puedes imaginar lo mal que me siento cuando alguien me habla de ti... y yo simplemente agacho la cabeza y guardo silencio.
Me duele no poder decirte lo que pienso, no poder darte las gracias por lo bueno, y perdonarte por lo malo. No poder explicarte que las cosas pasan... y que el pasado está ahi sólo para ser olvidado. Me duele no poder sentir tu respiración, no estar ahí cuando necesitas apoyo, y tener que conformarme con mirarte de lejos. Saber que no te acuerdas de mi, porque ya ni como amigo me perteneces... Te has ido lejos, muy lejos.
[Maldita la hora en que nos prometimos alcanzar el cielo, y el cielo se desplomó...!]
------
Y me permito escribir esto porque ya estamos en diciembre, y el mes se está haciendo difícil.



No hay comentarios:
Publicar un comentario