Una vez más, tengo ganas de llorar.
Aparentemente todo es perfecto, pero las cosas más insignificantes -las más rutinarias- fallan sin parar.
Todo el día cumpliendo con las obligaciones, compartiendo el tiempo ...mi tiempo... con gente que no me aporta nada, corriendo a todos lados, sintiendo que en el fondo no estoy haciendolo bien. Cuando todo eso me deja al menos una hora, voy corriendo hacia la libertad... y termino gastando dinero, cómo no! Pero el dinero se acaba. Y comienzan las discusiones. Deudas, gastos, necesidades, préstamos, excusas...
No hay lugar para conversaciones, para un descanso de la conciencia (que recuerda a cada momento lo que no has hecho); no hay momentos para compartir y recordar a los demás. Luego se irán y me arrepentiré de nuevo... sin vuelta atrás.
Ainnss... ¿por qué no puede ser más fácil?
Paso los días pensando en estas cosas, y termino dejando de lado otras mucho más importantes. No hay remedio??
Sé qué me haria centrar un poco la cabeza al menos por un tiempo. Pero es inutil.
---
Es ahora cuando tengo que proponerme un cambio. Tendré que aprender de verdad, por fin. Dejar de vivir asi. El año ha estado bien, pero se acabó. Hagamos las cosas bien, que para eso presumo tanto de saber hacerlo...
miércoles, 5 de noviembre de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



No hay comentarios:
Publicar un comentario