BÁRBARA
17 años
Abandonada..., con un futuro escrito.
Estaba nerviosa. Llevaba años pensando en ese momento; no era capaz de recordar ni un día de su vida en el que no se le pasara por la cabeza que aquello iba a ocurrir. Desde que nació había vivido en ese mundillo, rodeada de todo lo que conllevaba y aprendiendo "el oficio".
Bárbara había sido criada por su tía Manuela, Mimi para los clientes, una de las mejores prostitutas de la ciudad. Entre los clientes de Tía Mimi era difícil encontrar algún hombre que no se dedicara al fútbol o la actuación de forma profesional; todos eran famosos, ricos y guapos, que vivían vidas dobles engañando a sus familias y a todos aquellos que sólo los conocían por lo que se hablaba de ellos en televisión.
Tía Mimi comenzó en esto a la vez que sus hermanas, pero tuvo mejor suerte que ellas. Carmela se dejó llevar por la mala vida: los vicios llegaron a manejar su mente, y los hombres, su corazón. De Susi no se había sabido nada desde la noche en que dejó a Bárbara abandonada; nadie se explica cómo pudo hacer tal cosa, aunque desde entonces Bárbara ha vivido sin saber realmente qué pasó y por qué.
- ¡¡Barbyyy, vamos!!- Tía Mimi iba a explicarle las cosas básicas antes de salir a la calle en su primer día de trabajo, pero ella ¿realmente quería dedicarse a esto?
Siempre había escuchado a otras prostitutas hablar de lo mucho que les gustaba su trabajo, de cuánto disfrutaban haciendo realidad los sueños sexuales de miles de hombres cada mes. Solían reunirse seis o siete de ellas en la cocina de casa, al menos una vez a la semana; allí contaban las historias y anécdotas más impresionantes que Bárbara jamás hubiera escuchado relacionadas, por supuesto, con el sexo. Costumbres, posturas, órdenes... Desde prácticas sadomasoquistas hasta historias de pasión y amor desenfrenado (que, como ella bien sabía, no era lo común). Escuchaba atónita, sin perder detalle mientras preparaba el café o hacía esas tortitas con nata que tanto éxito tenían. A veces pensaba que tenía que ser divertido vivir una experiencia nueva cada noche, recibir grandes cantidades de dinero por ello y, en caso de suerte, adquirir una buena reputación que le permitiera ser admirada por todas las que empezaban en la prostitución, como le sucedía a ella con Tía Mimi o Ruth. Le encantaban las historias de Ruth: los clientes más variopintos habían pasado por sus manos –y por todo su cuerpo - buscando nuevas formas de animar su vida sexual. Ruth era la más joven de todas las amigas de Tía Mimi, y aún tenía ese "espíritu" del que tanto hablaban las demás. Aún se ilusionaba cuando un hombre desconocido la llamaba para, un rato después, desnudarla poco a poco. Ella sabía cómo utilizar su sensualidad de la forma más extrema, y Bárbara intentaba aprender todo lo posible de sus relatos.
Aún así, aún viéndose atraída diariamente por ese trabajo que le habían asignado, sabía que ella no estaba hecha para ello.
Pero "Es tu destino", le repetían una y otra vez...
miércoles, 21 de mayo de 2008
Nuevo relato :)
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